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lunes, 3 de julio de 2017

Los olvidados de Karagandá

El 31 de mayo de 2015, en una pequeña aldea de la provincia de Karagandá, en la exrepública soviética de Kazajstán, se juntaban un grupo de españoles para inaugurar un pequeño monolito que recordará a los españoles que allí vivieron y murieron en muchos casos, internados en el Gulag que allí tuvo el régimen soviético de Stalin. El grupo que acudió a esta ceremonia era bastante heterogéneo: hijos de miembros de la División Azul -españoles que lucharon junto a los nazis- y de republicanos y “niños de la guerra”, enviados a la Unión Soviética entre 1937 y 1938 por el gobierno de la República. José María Bañuelos, de 87 años, uno de aquellos niños, fue el único superviviente en condiciones físicas de afrontar el viaje. La trivialidad del motivo que lo llevó al infierno no es muy diferente a la de centenares de miles: “La necesidad hizo que robara un mono (un overol) y 200 gramos de pan. Me descubrieron y fui condenado a ocho años de trabajos forzados”
Allí estuvieron recluidos no solo militares, sino civiles. Y la forma de trabajo rozaba la esclavitud, como relataron los supervivientes. Unos 350 españoles pasaron por el Gulag, una cifra pequeña, casi insignificante, entre los dieciocho millones de seres humanos que lo sufrieron.
Durante la Segunda Guerra Mundial, había en la Unión soviética unos 4.500 españoles, según Luiza Iordache, autora de “En el gulag” (RBA, 2014): 2.895 “niños de la guerra” evacuados durante la Guerra Civil y 1.338 maestros, educadores, padres que acompañaron a sus hijos y personas vinculadas al Partido Comunista. También se encontraba un grupo de 190 alumnos que recibían instrucción aeronáutica en la 20ª Academia Militar de Kirovabad y 284 marinos de buques españoles a quienes sorprendió el fin de la guerra civil en puertos soviéticos. Buena parte de estos últimos “exiliados circunstanciales” tuvieron la pretensión de salir inmediatamente, ya para regresar a España, ya para emigrar a otros países donde tenían familiares. Algunos pocos lo lograron durante el período del pacto germano soviético (agosto de 1939-junio de 1941), luego ya no fue posible. El simple acercamiento a una legación extranjera, una palabra fuera de lugar, una queja, equivalían a un arresto por “espionaje” o “enemigo del pueblo”, interrogatorios, torturas, “confesiones” y penas de ocho a quince años en el Gulag. 
Durante la guerra, otros españoles fueron internados en los campos: los soldados capturados de la división Azul. Pero también los llamados “desertores planificados” de la división, republicanos que se habían enrolado en ella con el objetivo de pasarse al ejército rojo en la primera ocasión, sufrieron el mismo destino de los campos. Igual que un grupo de republicanos que se encontraban en Berlín en 1945. Exiliados originalmente en Francia, estaban allí como mano de obra forzada. Durante la caída de la capital del Reich, eufóricos, ocuparon la abandonada embajada española, izando la bandera republicana y se pusieron en contacto con los soviéticos. Lejos de recibir en Moscú el recibimiento triunfal que esperaban, fueron duramente interrogados y enviados a los campos.
El partido Comunista español lejos de hacer algo por ellos, condenó y bloqueó toda voluntad de salir de la URSS; había que evitar los riesgos de una eventual propaganda “anticomunista”. Además, amenazaron, delataron la mínima crítica, y redactaron informes en los que no dudaban en acusar a muchos de sus compatriotas de “espías infiltrados”, o de “falangistas embozados”.

Mientras, en el Gulag, las divisiones que les habían llevado a matarse entre ellos se abolían:
“...divisionarios, republicanos, falangistas; todos nos llevábamos bien, éramos españoles, nos uníamos para sobrevivir, respetábamos la ideología del otro, aunque en esas circunstancias no era lo más importante.” Así lo recuerda José María Bañuelos.

En Karagandá, los internados civiles y los prisioneros de guerra se hallaban separados entre sí, lo que no impidió que se establecieran contactos entre ellos e incluso que hubiera relaciones sentimentales e hijos entre presos y presas de distintos confinamientos.

A partir de 1946, los prisioneros de otras nacionalidades fueron liberados y gracias a ellos la Federación Española de Deportados e Internados Políticos (Fedip) supo de aquellos compatriotas. Su secretario general, Josep Ester i Borrás, veterano de la Guerra Civil, miembro de la resistencia francesa y sobreviviente del campo alemán de Mauthausenen, encabezó la campaña para la liberación mientras los comunistas españoles movilizaban todos sus recursos para negar los hechos, agraviar a la Fedip y sostener que en la URSS solo había españoles felices y algunos fascistas y traidores encarcelados.

Luego de la muerte de Stalin el régimen de Franco hizo su propia jugada para liberar a los prisioneros de la división Azul. Así, el 2 de abril de 1954, en medio de un enorme despliegue propagandístico, llegó a Barcelona el ‘Semíramis’ con 248 miembros de la División Azul a bordo; disimulados entre ellos también llegaron 38 republicanos españoles.

Mientras, los demás sobrevivientes trataban de rehacer sus vidas sin cejar en sus deseos de salir del paraíso, la experiencia de Karagandá fue cayendo en los olvidos de la Historia hasta que comenzó a recuperar la luz merced a la tenacidad de historiadores como Luiza Iordache, a las memorias que algunos sobrevivientes escribieron y la pasión de sus hijos por vindicar sus vidas
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Para ver el documental completo emitido por RTVE, pinchar aquí
Para leer mas:
http://www.elpais.com.uy/opinion/olvidados-karaganda-enfoque-luciano-alvarez.html
http://www.lainformacion.com/disturbios-conflictos-y-guerra/guerra/los-olvidados-de-karaganda-revela-la-historia-de-152-espanoles-en-un-gulag-sovietico_hecu2tM0pK8LUQ3oRTwOq1/

miércoles, 17 de mayo de 2017

La noche en que Gibraltar se convirtió en un infierno

El 24 de septiembre de 1940, 83 bombarderos franceses, realizaban un intenso ataque nocturno sobre la colonia inglesa de Gibraltar. No ocasionó un número excesivo de muertes, pero si causó importantes daños sobre las infraestructuras.
Rendición francesa
El 22 de junio de 1940, Francia y Alemania firmaban un armisticio. Pocas semanas antes, la maquinaria bélica nazi había aplastado al orgulloso ejército francés en un tiempo record, asombrando al mundo. Francia quedaba dividida en 2 zonas. La zona norte y oeste, quedaba bajo dominio nazi, mientras que el sur y el este, se constituía como un estado títere bajo el gobierno de Philippe Pétain. Este estado títere, conocido como la Francia de Vichy, mantenía una supuesta neutralidad que sin embargo no engañaba a nadie.
El Reino Unido queda como único oponente a Alemania. Churchill propone a Francia fusionar ambos países para evitar una paz separada pero Francia no lo toma en consideración. Entonces propone que Francia se rinda por separado pero que la flota francesa se dirija a puertos británicos. Pero Italia y Alemania quieren que los barcos franceses se desarmen a cambio de no unirse a las flotas del eje. Pero los británicos no se fían de que los barcos franceses no sean usados contra la flota británica. Y el potencial de la flota francesa podría inclinar la balanza a favor de la Alemania nazi en el Atlántico. La Fuerza H de la Royal Navy es enviada al Mediterráneo con la intención de lograr la unión de la flota francesa o de destruirla. La fuerza H llega frente al puerto de Mazalquivir, o Mers el-Kevir, el 3 de julio de 1940. Dan un ultimátum al almirante frances para que hunda su flota o se una a ellos. Gensoul, el almirante francés consulta a Vichy como actuar. Vichy, comunica a Gensoul que las flotas de Tolón y Argel se dirigen a ayudarle. El mensaje lo interceptan los británicos, que dan la orden de atacar a los barcos franceses. Éstos tenían sus cañones apuntando a tierra, por lo que no pudieron defenderse. La flota es destruida y mueren 1.300 marineros.
Gibraltar
En Francia éstos se recibe como una puñalada y se decide realizar un ataque como represalia contra Inglaterra. Petain decide atacar el punto más delicado de las posesiones británicas en Europa: Gibraltar. Los gobiernos alemán e italiano aprueban el ataque.
Se realiza un primer ataque sobre Gibraltar el 18 de julio de 1940 por medio de 74 aviones que ni provocaron daños excesivos. Francia pensó que con ese aviso, Inglaterra le dejaría tranquila. Sin embargo, en septiembre, una flota inglesa atacó de nuevo posiciones francesas. Se intentó ocupar la ciudad de Dakar, en el Senegal francés. El ataque fracasó, pero hizo pensar a las autoridades francesas que tenían que dar un nuevo golpe a los ingleses y esta vez más fuerte.
Así, el 24 de septiembre, 83 bombarderos franceses aparecieron sobre el cielo de Gibraltar, desde distintas bases de Marruecos. Varias de las bombas que soltaron superaban los 1.500 kilos. Las luces, en la noche, se podían ver desde varios pueblos de alrededor. De hecho, una bomba llegó a caer en La Línea de la Concepción. El ataque siguió el día siguiente hasta por la tarde.
El ataque no causó demasiadas víctimas. Parece que sólo 4 muertos, aunque numerosos heridos. Sin embargo, las infraestructuras si sufrieron daños. El muelle meridional fue destrozado, así como varios edificios, depósitos de gasolina, etc.
Francia no volvió a atacar Gibraltar, pero dados los daños, si lo hubieran hecho, la colonia pudo haber quedado inoperativa y la historia pudo haber cambiado

miércoles, 10 de mayo de 2017

El dedo de Stalin

El 30 de noviembre de 1939, las tropas soviéticas atravesaban la frontera finesa, dando inicio a la Guerra de Invierno. Era la culminación de una serie acontecimientos que se había iniciado bastante antes.
Finlandia había pertenecido a Rusia desde siglos atrás, pero al triunfar la Revolución Rusa en 1917, los fineses lograron la independencia, entre otras cosas ayudados en secreto por Alemania. Desde entonces, los lazos entre Alemania y Finlandia fueron estrechándose. Y cuando el nazismo empezó su política expansiva en Europa, Stalin empezó a temer un ataque alemán desde la frontera finesa, que estaba a tan sólo 32 kilómetros de Leningrado (ahora San Petersburgo). No obstante, se iniciaron reuniones para una defensa común contra Hitler entre ambos países, aunque condenadas al fracaso pues ni Finlandia veía con muy malos ojos a Alemania, ni Stalin dejaba de pensar que, en el fondo, Finlandia le pertenecía.
Cuando Stalin se convenció de que las potencias occidentales no iban a frenar a Hitler, decidió firmar un tratado de no agresión con Alemania. En el fondo sabía que esta alianza era la única que le permitiría iniciar su política expansiva. Y de hecho, el tratado tenía una cláusula secreta que establecía el reparto de las zonas de influencia entre los dos países. A la URSS, le quedaba los antiguos territorios de la Rusia zarista. Y entre ellos, Finlandia.
El 1 de septiembre de 1939, Alemania invade Polonia y destroza al ejército polaco en menos de un mes. A las 3 semanas la URSS ataca por el este y Polonia queda dividida en 2 partes tal como establecía el tratado secreto.
Animado, el 30 de noviembre de 1939 Stalin invade Finlandia, pensando que ocuparía todo el país antes de fin de año. Sin embargo, los fineses, que acababan de lograr su independencia, se organizaron y lucharon con gran valor y determinación por defender su país. Eran superados en número en 3 a 1, pero conocían perfectamente el terreno. Evitaron los grandes enfrentamientos y usaron una guerra de guerrillas.

Finalmente, la URSS, viendo que no podría tomar el país en un plazo corto, y tras haber sido humillado en varias ocasiones la resistencia finesa, y temiendo que el conflicto alcanzase un nivel más grande con un apoyo aliado en camino, decidió firmar la paz con los fineses, quienes cedían un 10% de su territorio y un 20% de su capacidad industrial, pero mantenían su independencia de la URSS. Sin embargo, durante la firma del tratado de paz ocurrió un incidente curioso. Tanto la URSS como Finlandia querían quedarse con la ciudad de Enso. Las discusiones sobre el trazado de la frontera en este punto fueron creciendo en intensidad por las dos delegaciones y no se llegaba a un acuerdo porque ninguna delegación cedía. Finalmente, enfurecido, Stalin se levantó de la silla y señaló con el dedo en el plano la ciudad. El delineante entonces empezó a trazar la frontera, pero al llegar al punto en que tenía el dedo Stalin, no se atrevió nadie a decirle a Stalin que levantara el dedo, y el delineante rodeó el mismo. Actualmente, el dedo se puede ver aún en la frontera al llegar a esta ciudad. Y el territorio es conocido por los fineses como “El dedo de Stalin”

Simo Häyhä, la muerte blanca

Cuando las tropas soviéticas invadieron Finlandia en el invierno de 1939, en lo que se llamó Guerra de Invierno, los fineses tuvieron que organizarse para defenderse de un enemigo mucho más numeroso, en una proporción de 1 a 3, y mucho mejor armado. Decidieron entonces emplear una guerra de guerrillas, que tan buenos resultado nos dio a los españoles durante nuestra Guerra de Independencia contra los franceses, evitando las batallas en campo abierto donde los soviéticos hubieran barrido a las tropas finesas. Pero también empezaron el uso intensivo de otra técnica de guerra que tan buenos resultados les daría: los francotiradores.
Estos soldados de alta precisión abatían las filas enemigas, escondidos con una gran cantidad de municiones y provisiones para permanecer lejos de sus camaradas. Fueron muchos los francotiradores celebrados durante la guerra en todos los bandos, por ejemplo, dentro de la URSS se destacaron Vasili Zaitzev o Yakovlevich; en la Alemania nazi, Erwin Koning y Heinz Thorvald. Pero sólo uno podría ser el mejor en esta categoría: el finlandés Simo Häyhä.
Simo Häyhä nació el 17 de diciembre de 1905 en la región de Rautjärvi, ubicada entre la frontera de Finlandia y Rusia. Simo provenía de una humilde familia de granjeros, ande de cumplir los 20 años se alistó en el servicio militar en 1925. Durante su entrenamiento Häyhä demostró buena técnica en las prácticas de tiro. Una vez que terminó su tiempo de servicio, regresó a su tierra natal para dedicarse a la vida del campo. Agricultura, ganadería y caza fueron lo suyo hasta el invierno de 1939, cuando estalló la Guerra de Invierno.
Simo Häyhä peleó contra los soldados del Ejercito Rojo en temperaturas oscilantes entre -20 y -40 grados Celsius. El letal francotirador era un hombre más bien bajito, con una altura de 1´60, su camuflaje de combate era completamente blanco, sus técnicas de supervivencia fueron simples, aunque arriesgadas:
·         Prefería usar las miras de acero del propio rifle en vez miras telescópicas, para así no revelar su posición, puesto que un francotirador debe alzar su cabeza para usar la mira telescópica, además la luz del sol se puede reflejar en el lente y revelar su posición.
·         Otra táctica que empleaba era congelar nieve frente a él para que sus disparos no levantasen la nieve, creando frente a él bloques de hielo.
·         Ponía nieve en su boca para no delatarse por el vaho de su respiración.
Cuando la fama de Simo creció entre las filas del Ejército Rojo y se empezó a convertir en una figura que atormentaba y desmoralizaba a las tropas, le pusieron el apodo de “Belaya smert” (La muerte blanca). Montaron operaciones de ataque para acabar con este francotirador finlandés que sin ayuda de ningún otro hombre estaba repeliendo los continuos avances del Ejército Rojo.
En primera instancia enviaron escuadrones para encontrar y matar a Häyhä, pero el pequeño finlandés los mató a todos. Después formaron un escuadrón de contra snipers, que básicamente es un grupo de francotiradores para matar a otros francotiradores, pero cuando fueron trás Häyhä, también murieron. Esto demostró la superioridad técnica de Simo Häyhä frente a enemigos de su mismo calibre.
Los repetidos intentos soviéticos por liquidarlo estuvieron cerca de lograrlo durante un ataque de artillería cuyos fragmentos rasgaron la espalda de su abrigo blanco revelando su posición. Pero Simo resultó ileso después del ataque.
Sin embargo el 6 de marzo de 1940 Häyhä recibió un disparo, una bala expansiva impactó en su barbilla durante un enfrentamiento de corto rango. Sus compañeros lo recogieron y decían que le faltaba la mitad de su cabeza. Simo Häyhä recuperó conciencia el 13 de marzo, el mismo día que se declaró la paz. A pesar de sus heridas Häyhä pudo todavía apuntar y eliminar a sus adversarios hasta caer inconsciente.
Finlandia resistió los ataques hasta marzo de 1940, fecha en que se elaboró un tratado de paz, el cual cedía 10% del territorio finés y 20% de su capacidad industrial a la Unión Soviética, pero el país nórdico mantuvo su soberanía, despertando simpatías alrededor de todo el mundo.
Cuando el conflicto bélico término Simo Häyhä, quien había entrado a las filas del ejército finés como un simple soldado de infantería posteriormente ascendido a cabo, recibió el rango de Teniente segundo durante la campaña en el río Kollaa y también fue condecorado por Carl Gustaf Emil Mannerheim, el general al mando de la defensa finesa con la “Cruz de Kollaa” además de la “Cruz de Plata”.
El ejército finlandés se destacó por rechazar a los rusos, esta hazaña se recuerda en la historia como “El milagro de Kollaa”. Ningún soldado en la historia militar de Finlandia ha progresado en rango tan rápido como Simo Häyhä.
Tras ser herido en el rostro a Simo le tomó varios años recuperarse, ya que la bala expansiva había quebrado su mandíbula y extirpado su mejilla izquierda. Sin embargo tuvo una completa recuperación, después de la guerra se convirtió en un exitoso cazador de alces y criador de perros. Cuando se le preguntó en 1998 como se había convertido en tan buen tirador, el anciano francotirador respondió “Practica”, cuando se le inquirió si lamentaba haber matado a tantas personas él repuso:
“Yo solo hice lo que me dijeron que hiciera lo mejor que pude”

Simo Häyhä pasó sus últimos años en una villa llamada Ruokolahti, ubicada al sur este de Finlandia cerca de la frontera con Rusia. Häyhä falleció el 01 de abril del 2002, tenía 97 años.

domingo, 30 de abril de 2017

Juan Pujol, el espía que engañó a Hitler

Un día del invierno de 1944, menos de seis meses antes del día “D”, en el que el ejército aliado desembarcase en masa en las playas de Normandía, iniciado la reconquista de la Europa ocupada por las tropas nazis, Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe del desembarco y de todas las tropas aliadas, se reunía con Noel Wild, quien estaba al mando de la operación de engaño organizada para hacer creer a los alemanes que el desembarco aliado sería en Calais y le hacía la siguiente petición:
“Solo te pido que me quites de encima el XV ejército (alemán) los dos primeros días. Nada más”.
Ese era el tiempo que pensaban que sería necesario para consolidar las cabezas de playa en Normandía. Ciertamente, lo que los alemanes tenían estacionado allí no era poca cosa: los ejércitos 15 y 70, que disponían de 56 divisiones, 10 de ellas Panzer acorazadas y 4 divisiones SS, cubriendo la costa atlántica francesa y belga, principalmente en el sector de Calais.
Estas fuerzas eran suficientes para frenar la invasión, e incluso para destrozar a las unidades aliadas, si las unidades alemanas acudían a Normandía. Para mantener las tropas alemanas lejos de Normandía, necesitaban un señuelo, un engaño que les hiciera creer que el desembarco no sería en Normandía. Para hacer eso, se diseñó un plan de desinformación militar estratégica de dimensiones hasta ese momento desconocidas que recibió el nombre de “Operación Fortaleza”. Este plan contaba con el despliegue de un ejército fantasma que desembarcaría en Calais y un minucioso trabajo de espías y agentes dobles. De todos ellos, el que jugó un papel más decisivo fue un español llamado Juan Pujol, conocido en clave como Garbo, que fue capaz de ganarse la confianza total de los servicios de inteligencia alemanes para, llegado el momento, influir en la toma de decisiones de Hitler y su Alto Estado Mayor de manera determinante.
Juan Pujol García, nació en Barcelona el 14 de febrero de 1912. Fue hijo de un industrial catalán que luchó con las tropas nacionales durante la Guerra Civil. Desarrolló un gran odio tanto a los comunistas como a los alemanes como causantes de la Guerra Civil, pensaba que sólo con la victoria Aliada podía España liberarse de Franco y la infuencia de Alemania.
Ofreció sus servicios a los británicos, pero inicialmente fue rechazado y por tanto optó por ofrecerse como agente a la Abwehr alemana, que dirigía el Almirante Canaris, para desde dentro, ayudar a los aliados. Partió de Madrid en 1941 con dirección a Lisboa portando material para trabajar al servicio nazi, como listas de preguntas, dinero y direcciones donde hospedarse. Realizó muchos esfuerzos por comunicarse con la inteligencia británica, pero no lo logró. Mientras tanto, les comunicó a los alemanes que había llegado a Londres y desde Julio de 1941 escribió y envió a la Abwehr, informes acerca de asuntos navales británicos.
En 1942, Pujol aún estaba en Lisboa, pero finalmente entró en contacto con oficiales de inteligencia del MI5 y se ofreció como agente doble. Pese a las reticencias de los mandos británicos, finalmente llegaron a un acuerdo, y Pujol paso a ser agente doble al servicio británico, llegando a Londres en abril de 1942, donde permaneció hasta el fin de la guerra. Su esposa e hijo se reunieron con él en la capital inglesa.
Pujol recibió el nombre en clave "Bovril", pero fue cambiado a Garbo por sus superiores, que lo consideraban "el mejor actor del mundo", y por tanto digno de compararse con la estrella de cine Greta Garbo. El nombre en clave de Pujol para la Abwehr era "Rufus".
Una vez en Londres, estableció una red ficticia de agentes para continuar engañando a los alemanes. Le dijo a la Abwehr que tenía 14 agentes y 11 contactos muy importantes. También "se asignó" un lugarteniente, un operador de radio suplente y varios ayudantes en toda Gran Bretaña. Entre los agentes, Garbo inventó la personalidad de un piloto alcohólico de la RAF y un lingüista del servicio de inteligencia que odiaba a los comunistas.
Uno de los agentes imaginarios de Garbo se llamó "Wren" forma como se llamaba a las mujeres miembros de la WRNS (Women's Royal Naval Service o Mujeres del Real Servicio Naval). Garbo le informó a la Abwehr que Wren había sido enviada al Cuartel General del Teatro de Guerra del Sureste Asiático en Ceilán, desde donde ella le enviaría los informes para ser transmitidos a la Abwehr. Los alemanes a su vez pasarían esa información a la embajada japonesa en Berlín, que a su vez la retransmitiría a Tokio.
Los alemanes estaban encantados con las informaciones que Garbo les enviaba. Aunque en la mayoría de los casos, las informaciones carecían de relevancia y cuando lo hacía llegaban tarde, para que no fuese de utilidad. Esto fue lo que ocurrió con el desembarco en África por las tropas aliadas, lo que fue la operación “Torch” , realizada el 8 de noviembre de 1942. La información era correcta pero llegó tarde. Esto fue debido a que las informaciones se trasmitían por correo desde Londres a Lisboa y desde allí a Berlín. Esto hacía que lo único que tenía que hacer Garbo era enviar la información unos días antes, sabiendo que no llegaría a tiempo. No obstante, tras lo ocurrido con la operación Torch, los mandos alemanes decidieron sustituir el envío por correo por envíos por radio.
La actividad de Garbo llegó a ser tan creible que los mandos alemanes llegaron a revelar los nombres de varios agentes alemanes infiltrados en la inteligencia británica, lo que ayudo a capturar a varios de ellos, así como pagar por sus servicios la suma de 340.000 dólares para los gastos que ocasionaba su red de espías. Y no contentos con eso, le llegaron a condecorar con la Cruz de Hierro en 1944, el mismo año que Inglaterra le condecoraba con la Orden del Imperio Británica, esta vez si, por un trabajo bien hecho.
Sin embargo, su gran obra estaba por llegar. Se preparaba la invasión de Europa. El mayor desembarco de la historia se produciría en las playas de Normandía. Pero los alemanes habían fortificado toda la costa francesa. Rommel había construido la muralla Atlántica, una red de fortificaciones que hacía que unas pocas tropas fueran suficientes para frenar un gran ejército. Además, habían colocado un número de fuerzas suficientes tras ella. Los aliados necesitaban que los alemanes no enviasen a todas las tropas que defendían la muralla a Normandía, porque de ser así la operación fracasaría. Para ello se organizó una operación de engaño en la que participaron un número importante de espías, así como la inteligencia británica. Pujol fue el espía más activo. Convenció a los alemanes de que las fuerzas aliadas disponían de 77 divisiones y de 19 brigadas en la costa sur de Inglaterra, es decir, un 50% más que la realidad. Para dar credibilidad a la idea de un desembarco en el norte de Francia, los británicos hicieron flotar frente a las costas de Dover barcazas de concreto, construyeron puertos de cartón-piedra y tanques de caucho.
La estrategia alemana estuvo basada en el desembarco en el Paso de Calais, puesto que Garbo les convenció que el desplazamiento de tropas en Normandía era sólo una operación de distracción. El Ejército de Patton, que sólo existía en el papel, pensaron los alemanes que desembarcaría en Calais. La operación fue un éxito y los alemanes tardaron varias horas en darse cuenta del engaño. Lo suficiente para que los aliados consolidaran las cabezas de playa y los alemanes ya no les pudieran echar al agua.
Después de Normandía y a pesar de todo, los alemanes siguieron confiando en los informes de Garbo. Uno de los comunicados que envió, daba cuenta de un enorme depósito de armas en el sur de Londres, que se intercomunicaba por medio de un tren subterráneo.

Después de la guerra, Pujol vivió con nombre ficticio en Venezuela durante 40 años. Con la ayuda de Nigel West escribió un libro titulado "El Espía del Siglo" donde relata todas las peripecias de su vida como espía.

El ángel del gueto de Varsovia

Cuando pensamos en la II Guerra Mundial, nos vienen a la cabeza las grandes batallas, el horror de la muerte o el nombre de grandes generales y brillantes estrategias, así como actos de valor y honor de soldados anónimos en los numerosos frentes. Pero también hubo gente en la retaguardia, civiles, que fueron protagonistas en muchos casos de verdaderos actos de valentía que pusieron en riesgo su vida, por el simple hecho de querer ayudar a los demás entre tanta barbarie. Uno de esos nombres es el de Irina Sendler, que durante varios años ayudó a centenares de niños judíos en el Gueto de Varsovia, jugándose la vida.
Irena Sendler nació como Irena Krzyzanowska el 15 de Febrero de 1910, cerca de Varsovia, en Otwock. Su padre, Stanisław Krzyżanowski, era un reconocido médico, que falleció de tifus en 1917, precisamente por ayudar a los enfermos que sus colegas médicos no querían atender. Los enfermos de tifus, que solían ser gente pobre, y judíos, doble razón para que no les quisieran atender. Tras el fallecimiento de su padre, la familia de Irena no disponía del dinero suficiente para sus estudios y los líderes de la comunidad judía ayudaron a la futura enfermera y pagaron sus estudios.
Estudió Derecho, Filología y Pedagogía, dedicándose sobre todo a la ayuda social dentro del Comité Ciudadano de Bienestar del Ayuntamiento de Varsovia trabajando como enfermera y asistente social, trabajo que le permitió entrar y salir libremente del gueto de Varsovia.
Cuando en Octubre de 1940 los jerarcas nazis crearon el gueto de Varsovia, Irena comprobó horrorizada como las condiciones en las que se encontraban los habitantes del mismo eran más que deplorables. Decidida, se puso manos a la obra. Fuera del gueto, por parte de varias organizaciones judías se intentaba que la vida dentro del mismo fuera un poco mejor para sus habitantes. Se crearon organizaciones infantiles y juveniles, escuelas de enfermería e incluso una facultad de medicina clandestina. Colaboró en la organización Zegota que procuraba suministrar comida, ropa y cuidados a los judíos. Su nombre en la clandestinidad era Jolanta, ella misma llevaba un brazalete con la estrella de David cuando caminaba dentro del gueto que lucía aparte de para pasar desapercibida, como signo de solidaridad con los ocupantes de tan infame lugar.
Se unió al Consejo para la Ayuda de Judíos. Consiguió identificaciones de la oficina sanitaria, una de cuyas tareas era luchar contra las enfermedades contagiosas. Como ella misma contaba:
"Conseguí, para mí y mi compañera Irena Schultz, identificaciones de la oficina sanitaria, una de cuyas tareas era la lucha contra las enfermedades contagiosas. Más tarde tuve éxito en conseguir pases para otras colaboradoras. Como los alemanes invasores tenían miedo de que se desatara una epidemia de tifus, toleraban que los polacos controláramos el recinto."
Aprovechando que los alemanes temían posibles epidemias de tifus y otras enfermedades contagiosas, permitieron que los polacos controlaran las posibles epidemias y enfermedades producidas en el recinto. Sin tardanza se puso en contacto con las familias a las que les ofreció sacar a sus hijos fuera del gueto, a lo largo de un año y medio hasta la evacuación del gueto en el verano de 1942, se calcula que consiguió rescatar a unos 2.500 niños, pero lamentablemente no podía prometer a los padres ninguna garantía de éxito, pero si que se esforzaría a máximo para que los niños estuviesen a salvo, cosa que consiguió en la mayoría de los casos… muchas familias se negaron a separarse de sus hijos y desgraciadamente los condenaron a un destino tan cruel como el de ellos mismos… la muerte por enfermedad, por inanición, por palizas, ejecuciones arbitrarias por parte de los invasores o deportados a los temidos campos de la muerte. A veces, cuando Irena o alguna de sus colaboradoras volvían a visitar a las familias para intentar convencerlas de que les darían a sus hijos una posibilidad que allí dentro no tendrian, se encontraban con que todos los miembros de la familia habían sido llevados ya al tren que los conduciría a los campos de exterminio.
A los que pudo conseguir comenzó a sacarlos en ambulancias como enfermos de tifus, mas adelante lo haría de todas las formas y maneras posibles y que se puedan imaginar… en sacos de patatas, cajas de herramientas, cargamentos de ladrillos, ataudes, sacos de arroz, cestos de basura, cualquier forma y sitio era utilizado para salvar cuantos mas niños mejor. Una vez fuera se les daba un nuevo nombre y un lugar en el que esconderse: conventos, colegios, orfanatos o familias católicas. La propia Irena Sendler mantenía un sistema de registro con el fin de conocer cuál era el verdadero nombre de cada niño con el fin de que, una vez terminada la guerra, pudieran reencontrarse con su familia.
"La razón por la cual rescaté a los niños tiene su origen en mi hogar, en mi infancia. Fui educada en la creencia de que una persona necesitada debe ser ayudada de corazón, sin mirar su religión o su nacionalidad."
Uno de los casos más conocidos de los niños evacuados, es de Elzbieta Ficowska, “la niña de la cuchara de plata”. Fue rescatada en julio de 1942, cuando la niña tenía cinco meses. Irena y una ayudante, administraron un narcótico a la niña para que duermiera durante el trayecto y no llamara la atención de los alemanes. Metida en una caja de madera con varios agujeros para que pudiese respirar, fue sacada del gueto junto con un cargamento de ladrillos, en un vagón tirado por un caballo. La madre de Elzbieta escondió una cuchara de plata entre las ropas de su hija. En la cuchara llevaba grabado su apodo, Elzunia, y la fecha de nacimiento de la niña, 5 de Enero de 1942. Elzbieta fue enviada y criada por Stanislawa Bussoldowa, una viuda católica de 60 años de edad y partera de profesión. La cuchara fue donada al United States Holocaust Memorial Museum en 2003 por la propia Elzbieta Ficowska.
En Octubre de 1943 los alemanes tuvieron constancia de sus actividades y el día 20 de ese mismo mes, Irena Sendler fue detenida por la Gestapo y llevada a la prisión de Pawiak donde fue brutalmente torturada. En un colchón de paja encontró una estampa de Jesús Misericordioso con la leyenda: “Jesús, en ti confío”, que conservó consigo hasta el año 1979, momento en que se la obsequió a Juan Pablo II.
Ella era la única que sabía los nombres y las direcciones de las familias que albergaban a los niños judíos. Aguantó una tortura insufrible, le rompieron los pies y las piernas entre otras cosas. Sin embargo aguantó estoicamente sin decir una sola palabra y se negó a traicionar a sus colaboradores o a cualquiera de los niños trasladados fuera del gueto y su localización así que fue sentenciada a muerte.
Pero mientras esperaba la ejecución, un soldado alemán se la llevó para un "interrogatorio especial". Al salir del recinto, el soldado le gritó en polaco "¡Corre!". Al día siguiente se halló su nombre en la lista de los polacos ejecutados. La causa fué que los miembros de la organización Zegota habían logrado sobornar a los alemanes que la custodiaban, por lo tanto no hubo ejecución oficiosa pero si oficial, e Irena continuó con su magnífica obra trabajando para seguir salvando niños pero esta vez desde la clandestinidad y con una identidad falsa.
Cuando terminó la guerra, desenterró los frascos y le entregó las notas al doctor Adolfo Berman, el primer presidente del Comité de salvamento de los judíos sobrevivientes que localizó con la ayuda de las notas que Irena escribió a los 2.500 niños que se hallaban con sus familias adoptivas.
Tras la guerra, se inició el proceso de intentar reunir a los niños con sus familiares. En muchos de los casos, ya no había a nadie con quine reunir a los niños porque sus familiares habían muerto. Pero se pude decir sin ninguna duda, que si no hubiera sido por esta enfermera, los niños tampoco habrían tenido ninguna posibilidad de sobrevivir
En 1965 la organización Yad Vashem de Jerusalén le otorgó el título de Justa entre las naciones y se la nombró ciudadana honoraria de Israel.
En noviembre de 2003 el presidente de la República, Aleksander Kwasniewski, le otorgó la más alta distinción civil de Polonia: la Orden del Águila Blanca (Order Orła Białego). Irena fue acompañada por sus familiares y por Elzbieta Ficowska, "la niña de la cuchara de plata".
En el año 2007 el gobierno de Polonia la presentó como candidata para el premio Nobel de la Paz. Iniciativa que fue realizada por del Presidente Lech Kaczynski y contó con el apoyo oficial del Estado de Israel; finalmente el galardón fue concedido a Al Gore y su cambio climático.
Según ella misma expresó:
"Esos actos fueron la justificación de mi existencia en la tierra, y no un título para recibir la gloria".
La vida de esta heroína fue llevada a la pequeña pantalla por la CBS en The Courageous Heart of Irena Sendler, donde fue interpretada por la ganadora de un Oscar Anna Paquin.

Para leer más:
http://www.batichango.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1209:el-angel-del-gueto-de-varsovia&catid=53:biografias&Itemid=77
http://www.aciprensa.com/noticias/fallecio-irena-sendler-una-heroina-catolica-de-la-segunda-guerra-mundial/#.Uy6gQKh5NA0

http://es.wikipedia.org/wiki/Irena_Sendler

El hombre que nunca existió

"Estaba a punto de amanecer cuando el submarino emergió en la superficie. La tripulación se alegró de respirar aire fresco y puro o todavía le satisfizo más librarse de su extraña carga. Quitaron las envolturas y el teniente saludó militarmente mientras colocaba, lo más suavemente posible, el cadáver de aquel oficial, que vestía impecable uniforme, en la superficie del agua. Soplaba una ligera brisa hacia la playa y la marea subió. De modo que Willie fue a la guerra, por fin, con sus galones de mayor en los hombros y una carta de su amada junto a su inmóvil corazón…"
Estas palabras, sacadas del libro de Sir Duff Cooper, nos introducen en uno de los episodios poco conocidos, que sin embargo cambiaron el curso de la guerra y que sitúa en el centro de la acción en Huelva.
El 8 de noviembre de 1942, las tropas aliadas desembarcaban en el norte de África, en lo que se llamó la “Operación Torch”, para expulsar de allí a las tropas del Eje. La campaña fue un éxito. Pero ahora, la pregunta era cuál debía de ser el siguiente paso.
Lo natural era la invasión de Sicilia, como paso previo para pasar a la Italia continental y a Francia. Esto era lo que opinaban los altos mandos aliados, pero también lo pensaban los italianos y los alemanes. Por eso la isla estaba fuertemente defendida, y su conquista supondría la muerte de muchos soldados y la posibilidad de que los alemanes rechazaran la invasión. Además, desde Sicilia partían los aviones alemanes que hostigaban a los barcos cargueros aliados que seguían la ruta por el Mediterráneo que pasaban por Malta.
Se empezó a pensar en la realización de una operación de engaño que hiciera pensar a los alemanes que el desembarco no sería en Sicilia, pero la necesaria concentración de tropas aliadas en Túnez para la operación, hacía que ésta fuera difícilmente ocultable. En ese momento, al capitán de corbeta Ewan Montague, oficial de la inteligencia naval, miembro del “Comité de los veinte” (grupo que dirigía una rama del MI5, especializada en operaciones de contraespionaje, engaño o desinformación) se le ocurrió una idea genial. Utilizarían un cadáver para hacerle pasar por un oficial británico que llevara documentación falsa informando de una operación de desembarco en Cerdeña y Grecia.
La idea, sin embargo, tenía varios antecedentes. En agosto de 1942, se utilizó un cadáver de un soldado inglés para engañar a Rommel en África, y en septiembre, un avión inglés se estrelló en el mar cerca de Cádiz con documentación que ponía en peligro la “Operación Torch”.
Sin embargo, el antecedente más claro es la propuesta del capitán de la RAF Charles Cholmondeley, que se le ocurrió lanzar un cadáver con un paracaídas a medio abrir con el engaño. Si embargo, los alemanes sabían que no se permitía que los pilotos cruzaran territorio enemigo con información confidencial por el peligro de captura, por lo que el proyecto fue descartado. Pero cuando Montagu recuperó el proyecto, Cholmondeley se unió a él.
Se decidió entonces que el cadáver sería lanzado al mar, haciéndolo pasar por un oficial que habría tenido un accidente de avión cerca de las costas españolas. Ahora solo faltaba un nombre clave para la operación. La operación recibió el nombre de «Mincemeat» («Carne picada»).
El cadáver debía haber fallecido por pulmonía para presentar similitud con una muerte por sumersión. Como identidad se le adjudicó la del capitán en funciones de mayor William Martin. La documentación iría en forma de cartas de miembros del alto mando aliado que se cruzarían datos falsos sobre los proyectos de desembarco y el lugar donde abandonarlo necesitaba de buena cobertura diplomática, tanto alemana como británica, así como unas determinadas condiciones meteorológicas que facilitasen la arribada del cuerpo a la playa.
Ayudados por el famoso patólogo Sir Bernard Spilsbury, Montagu y su equipo determinaron qué tipo de cuerpo necesitaban para esta operación. De la manera más discreta posible, localizaron el cuerpo de un hombre de 34 años muerto recientemente por una neumonía producida químicamente por ingestión de raticida. No hablaron con la familia de la operación ni solicitaron permiso para ello, sino que obtuvieron el cuerpo por mediación del encargado de la morgue del hospital St. Pancras. Como el hombre había muerto de neumonía, el fluido en los pulmones concordaba con el hecho de que hubiese permanecido en el agua mucho tiempo.
Lo siguiente era crear una vida falsa, una falsa identidad. El comandante Martin de los Royal Marines, William Martin, capitán eventual habilitado como «comandante», nacido en Cardiff, Gales, en 1907, y destinado en el Cuartel General de Operaciones Combinadas. La graduación alta se le dio para hacer creíble que llevase documentación confidencial de esa envergadura. Pero el cadáver era demasiado joven para que fuera comandante, por lo que se le dio el grado de capitán habilitado como comandante.
Después de eso, crearon una novia falsa (era una funcionaria del MI5), y durante meses, se dejaron ver juntos por las calles, fueron al cine, al teatro, etc. (era necesario para que las entradas tuvieran una fecha creíble). También se falsificaron unas facturas sin pagar, una carta del banco, una llaves , etc. Con todo ello, partió el cadáver hacia España.
Ahora el problema era como llegaría el cadáver con toda esa documentación a la playa sin que se separara del cadáver por el oleaje. Lo único que se ocurrió fue unir a ambos con una cadena. Era un riesgo porque los alemanes podrían sospechar, pero no hubo otra idea. Aun así, los ingleses esperaban que los alemanes pensaran que era debido a que el oficial era muy cuidadoso y quería no separarse de los documentos en todo el viaje
Ahora la duda era como redactar los documentos del engaño. Presentar directamente los planes falsos sería muy sospechoso. En vez de eso, se decidió que el oficial llevase varias cartas entre altos mandos ingleses donde se sugiriera los planes.
Una de ellas sería una carta personal del teniente general Sir Archibald Nye, Segundo Jefe del Estado Mayor General Imperial al general Sir Harold Alexander, comandante británico en el norte de África, donde se le decía de forma extraoficial que habría dos operaciones. Alexander atacaría Córcega y Cerdeña, mientras el general Sir Henry Wilson lo haría en Grecia, dando a esta falsa operación el nombre de «Operación Husky», que era el nombre real de la operación de desembarco en Sicilia.
Además, en una jugada maestra de psicología inversa, la carta indicaba que se estaban elaborando planes para engañar a los alemanes y convencerlos de que el desembarco se haría en Sicilia. Esto debía dar la impresión a los alemanes de que se enfrentaban a fuerzas lo bastante potentes para efectuar dos grandes operaciones simultáneas y que tendrían lugar lejos de Sicilia, obligándolos a dispersar sus fuerzas para enfrentarse a la amenaza.
Para resaltar el carácter sensible de la carta y establecer la cualificación del comandante Martin para viajar al norte de África, Montagu incluyó otra carta de Lord Louis Mountbatten, Jefe de Operaciones Combinadas al almirante Sir Andrew Cunningham, Comandante en Jefe del Mediterráneo, en la que Mountbatten ensalzaba la experiencia del comandante Martin en operaciones anfibias; y, aún más importante, Mountbatten decía a Cunningham que Martin llevaba una carta demasiado importante para ser enviada por los canales normales, lo que explicaba la necesidad del vuelo de Martin. La carta también decía que el blanco para la invasión sería Cerdeña.
El comandante Martin fue puesto en un contenedor estanco y sellado conservado en hielo seco y vestido con su uniforme de Royal Marines. Cholmondeley y Montagu alquilaron un coche para entregarlo en Holy Loch, Escocia, y lo embarcaron en el submarino británico HMS Seraph. Montagu había preparado esto con el almirante Barry, que tenía los submarinos bajo su mando. Barry sugirió el Seraph, que en ese momento estaba disponible. Fue casualidad que su comandante, el teniente de navío Norman L.A. (Bill) Jewell y la tripulación tuviesen experiencia previa en operaciones especiales.
El 19 de abril de 1943 el Seraph se hizo a la mar. Navegó hasta una posición una milla al sur de Huelva, en la costa española. Se decidió hacer la operación en España porque, aunque en teoría era un país neutral, simpatizaba con los países del eje, y estaba llena de agentes secretos alemanes de la Abwehr, lo que haría fácil que la información llegara a ellos.
A las 04:30 del 30 de abril, el teniente de navío Jewell ordenó a su tripulación subir el contenedor a la cubierta del submarino en superficie. Antes había dicho a su gente que iba a desplegar un sistema meteorológico altamente secreto y ordenó a todos permanecer bajo cubierta. Reunió a sus oficiales, les explicó los detalles de la operación y les exigió mantener el secreto. Después, abrieron el contenedor, pusieron el chaleco salvavidas al comandante Martin y le ataron el maletín con los documentos; rezaron el salmo 39 y pusieron suavemente el cadáver en el agua para que la corriente lo arrastrase hacia tierra. Una vez terminado, Jewell puso un mensaje al «Comité de los Veinte» diciendo «MINCEMEAT completed».
El cuerpo fue descubierto a las 07:30 por un pescador de Punta Umbría de origen portugués, José Antonio Rey María, en la playa de El Portil, que lo llevó al puerto e informó a las autoridades españolas. La legación alemanda tuvo enseguida noticias del hecho, en la figura del técnico en agricultura Adolf Clauss, que a la sazón era el miembro de la Abwehr de la zona.
A los tres días, el comité de los veinte, que había organizado el engaño, recibía un telegrama del agregado naval con la noticia del descubrimiento del cadáver. El cuerpo del comandante Martin fue entregado al vicecónsul británico F. K. Hazeldene y fue enterrado con honores militares el 4 de mayo en el cementerio de Huelva.
El vicecónsul acordó con el forense Eduardo del Torno redactar el informe post mortem en el sanatorio de Huelva, próximo al cementerio. Se informó de que el hombre había caído al agua con vida, que no tenía golpes, que había muerto ahogado y que el cuerpo estaba en el agua desde hacía entre tres y cinco días. El forense no hizo una autopsia completa al creer que el comandante Martin era católico, porque llevaba al cuello una cadena con una cruz de plata, lo que había sido una idea de Montagu.
El engaño había salido bien. Sin embargo, para completar el mismo y que no quedaran flecos sueltos. Montagu publicó en la lista de muertos mensuales de The Times, el nombre del comandante Martin, sabiendo que los alemanes lo consultarían. Pero aún quedaba una duda. Era posible que los alemanes no buscasen en la documentación de Martin y no viesen las cartas (como de hecho ocurrió con el accidente del avión de septiembre de 1942, como se refirió antes). Para hacer recaer la atención de los alemanes en las cartas, se mandaron una serie de mensajes urgentes del Almirantazgo al agregado naval británico en Madrid pidiéndole la devolución a cualquier precio de los documentos encontrados con el cuerpo, debido a su contenido altamente sensible para alertar a las autoridades españolas sobre su importancia. Los documentos fueron devueltos el 13 de mayo, asegurando que no faltaba nada.
Pero antes los alemanes habían oído hablar del descubrimiento de los documentos y, no sin cierta dificultad, el agente local de la Abwehr consiguió hacerse con ellos. Los alemanes abrieron cuidadosamente el maletín y fotografiaron todo su contenido. Después, el maletín fue entregado a los británicos por las autoridades españolas. Las fotografías se enviaron urgentemente a Berlín, donde fueron evaluadas por la inteligencia alemana.
Cuando el cuerpo del comandante Martin fue devuelto y se comprobó la documentación, los británicos vieron que había sido leída y vuelta a guardar cuidadosamente. Los alemanes se habían tragado totalmente el engaño
Hitler quedó tan convencido de la autenticidad de los falsos documentos que discrepaba de Mussolini en cuanto a que Sicilia era el punto más probable para la invasión, insistiendo en que cualquier incursión sobre la isla debía considerarse parte de un plan de engaño y que el ataque principal sería en cualquier otro lugar. El 12 de mayo escribía: "...en lo concerniente a las medidas en Córcega y el Peloponeso, tienen prioridad sobre todas las demás". Hitler dio órdenes para reforzar Córcega y Cerdeña, y envió al mariscal Rommel a Atenas para formar un grupo de ejércitos. Los buques patrulleros, minadores y dragaminas asignados a la defensa de Sicilia se mandaron a otros lugares. Pero la decisión más crítica fue probablemente el envío de dos divisiones Panzer del frente ruso a Grecia, justo en el momento en que se estaban preparando para atacar a los rusos en la batalla de Kursk.
La Operación Husky empezó el 9 de julio, cuando los Aliados atacaron Sicilia por el sur. Pero los efectos de la Operación Mincemeat duraron todavía dos semanas, ya que los alemanes seguían convencidos de que era un señuelo y que el ataque principal sería en Cerdeña o en Grecia. Como resultado, la conquista de Sicilia encontró relativamente poca resistencia y se completó el 9 de agosto. Además, la caída de Palermo, a mediados de julio provocó, el 27 de julio, un golpe de estado que apartó a Mussolini del poder.
Sin embargo, pasados todos estos años, la identidad del comandante Martin sigue siendo un misterio. La versión clásica es que se trataba de un vagabundo londinense que había muerto de pulmonía al ingerir raticida. Sin embargo, tras desclasificar el ejército ingles algunos documentos en 1996, apareció el nombre de un médico galés llamado Glyndwr Michael. De hecho, en su lápida del cementerio de Huelva, figura el nombre de William Martin, y se añadió el de Glyndwr Michael.
En cuanto a Ewen Montagu, por su participación en la Operación Mincemeat se le concedió la Orden del Imperio Británico. Se convirtió más tarde en Judge Advocate of the Fleet. En 1953 escribió un libro sobre la operación titulado El hombre que nunca existió que fue llevado al cine poco después.
Pero aún queda otra opción para la identidad del comandante Martin. El 27 de marzo de 1943, el poortaviones HMS Dasher, se hundía tras una explosión interna. Este hecho se ocultó al público para no desmoralizar a la población. Lo curioso es que al submarino HMS Seraph, se le ordenó dar un curioso rodeo en su viaje para recoger el cavadle y después para llevarlo a España. Y más curioso es que ese viaje le hizo pasar por el lugar donde se había hundido el portaviones un mes antes. Según una teoría, el submarino hizo este viaje para recoger un cadáver del portaviones, ya que el que habían preparado debía de estar en malas condiciones desde que se preparó en enero.
Una última curiosidad posee este misterio. Desde que se enterró el cadáver, siempre hay flores en el mismo. En 2002 se reveló el secreto de quién las colocaba: Isabel Naylor, hija de un trabajador inglés de la Río Tinto Company Limited, que siguió la tradición que su padre inició cuando ella contaba 14 años. Ha sido condecorada por el gobierno inglés por ello.
Para leer más:
http://www.culturandalucia.com/GCE/Operaci%C3%B3n_Mincemeat_El_hombre_que_nunca_existi%C3%B32.htm
http://www.telegraph.co.uk/news/obituaries/military-obituaries/9189418/Jean-Gerard-Leigh.html
https://martinolmos.wordpress.com/tag/ewen-samuel-montagu/

http://es.wikipedia.org/wiki/Operaci%C3%B3n_Mincemeat