La
sociedad del siglo XVIII estaba cambiando muy rápidamente. Se iniciaba la
Revolución Industrial. Los campos se mecanizaban y una gran masa de gente se
quedaba en paro, con lo que decidían irse a vivir a las ciudades, donde la
industria crecía sin parar. Sin embargo, la trama urbana no había tenido tiempo
de adaptarse a esta nueva situación en la que debía dar cobijo a un número
creciente de habitantes. Los barrios se hacían insalubres. La gente debía
permanecer hacinada. Al mismo tiempo, la industria no era capaz de absorber a
una cantidad de gente tan grande, con lo que crecía el paro. Sin embargo, en
las fábricas, las jornadas de trabajo eran interminables, y el trabajo infantil
estaba a la orden del día.
En
estas circunstancias, se empieza a crear círculo de opinión sobre como abordar
el problema, no sólo por el hecho de mejorar la vida de la gente, sino por el
potencial caldo de cultivo para un estallido social que se estaba gestando.
Surgen 2 corrientes de opinión: por un lado, una de ellas pretendía una mejora
de las ciudades reformando las mismas para mejorar sus condiciones; la otra
gran vía fue la de la reforma radical de la situación, creando nuevas unidades
urbanas, autosuficientes, donde la calidad de vida fuera la guía esencial.
Uno
de los principales fundadores de esta vía fue Robert Owen (1771-1858). Owen
provenía de una familia humilde, pero desde los 20 años, ya dirigía una fábrica
de tejidos en Mánchester, y a los 29 ya se hizo cargo de una empresa en New
Lanark. Desde allí desarrolló sus estudios donde expresaba su convencimiento de
que el obrero que tiene una buena calidad de vida, desarrollará un mejor
trabajo. Al mismo tiempo daba mucha importancia a la educación.
Su
idea se basa en una ciudad ideal, semirrural, de dimensiones reducidas, que
podía ser reproducida hasta formar una federación. En 1825 compró unos terrenos
en Indiana (EEUU) y fundó en ella la comunidad de New Harmony. Pretendía crear
una cédula urbana autosuficiente, capaz de integrar en si misma, el trabajo y
la vivienda, y mediante los servicios colectivos, abastecer las necesidades
humanas. Sin embargo, el experimento fracasó y tuvo que vender el terreno en
1828.
Owen
debió volver al Reino Unido y allí y entrar en el movimiento sindical, el cual
fortaleció, creando el germen de lo que serían los movimientos sindicales
nacionales y cooperativistas.

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