En
torno al año 4.000 antes de Cristo, en pleno Neolítico, empiezan a construirse
en varias zonas de Europa, una serie de grandes estructuras de piedra, cuya
función y significado, no está claro en todos los casos aún hoy.
En
algunos casos se trataba de tumbas formadas por lajas de piedra verticales con
una cubierta horizontal, llamada dólmenes. En otros casos se trataba de
estructuras circulares en algunos casos muy grandes, cono en el caso de
Stonehenge, cuya función astronómica parece estar hoy en día, fuera de toda
duda.
Otro
tipo de construcción megalítica serían las alineaciones de piedras. Este es el
tipo de construcción de las piedras de Carnac. Carnac es una localidad francesa
de la zona de la Bretaña. En este lugar, nuestros antepasados realizaron una
formidable obra formada en su día por 10.000 piedras, o menhires, de los que
hoy quedan apenas unos 3.000.
Las
piedras de Carnac se localizan en 4 formaciones: Le Menéc, Kermario, Kerlescan
y Le Petit Menec. La formación de Le Menec, que empieza junto a la aldea del
mismo nombre, consta de 1099 piedras colocadas en 11 filas, colocadas por orden
de altura, desde los 3,7 m de las más altas, a los 90 cm de las más bajas. Se
despliegan en una curva ligeramente curvada. Las piedras de Kermario son aún
mayores, llegando a los 7 m y disminuyendo de tamaño a lo largo de sus 1.300 m
de recorrido. Las otras formaciones son menores aunque no dejan de ser
curiosas. En el caso de Kerlescan, su formación es cuadrada.
Desde
hace varios siglos se ha intentado dar una explicación a su formación. En la
época medieval, se pensaba que las piedras eran soldados romanos que habían
sido petrificados por Dios para proteger a San Cornelio, patrón de la zona de
Carnac, cuando estos se dirigían a capturarle. Otros mitos bretones aseguran
que las piedras se desplazan por la noche hacia el mar para bañarse o beber.
También se le atribuyeron poderes curativos, protectores, fertilizantes, etc.
Explicaciones
más modernas no dejan de ser sorprendentes, como la de Jerome Penhouet que
propuso, en 1826, que los cuatro alineamientos eran parte del cuerpo de una
enorme serpiente que se desplazaba sobre el terreno bretón. También en el siglo
XIX se sugirió que se trataba de lugares dedicados al culto solar y lunar,
mientras otros autores pensaban que eran avenidas que conducían a los templos
hoy desaparecidos. Un poco más adelante, ya a principios del siglo XX, Hans
Hirmenech propuso que las filas de menhires eran las tumbas de soldados de la Atlántida
que habían muerto durante la guerra de Troya. Asimismo, James Fergusson decía
que la erección de estos monumentos debe conmemorar alguna gran batalla que
tuvo lugar en esta llanura en tiempos remotos. Otros estudiosos de Carnac
fueron más allá y propusieron que se trataba de verdaderas tumbas y creyeron
encontrar apoyo para este razonamiento en el significado de los nombres de
algunos lugares: en bretón, un idioma de origen celta, Kermario quiere decir
"ciudad de los muertos" (pero no tuvieron en cuenta que los menhires
son muy anteriores a la aparición de los celtas en esta región)
Las
explicaciones más modernas, intentan dar una explicación basada en una función
astronómica, como por otro lado, parece ser que era también la función de otras
formaciones parecidas, como la de Stonehenge. El primero en aludir a la función
astronómica de Carnac fue André Cambry, quién sostuvo que las piedras de Carnac
se refieren a las estrellas, los planetas y el zodíaco. Autores posteriores
retomaron la idea y, en 1970, el ingeniero inglés Alexander Thom , basándose en
los estudios de Gerald Hawkins sobre Stonehenge, desarrolló una teoría sobre
las formaciones de Carnac. Según Thom, el gran menhir caído de Locmariaquer era
el centro de un inmenso observatorio astronómico apto para predecir eclipses.
Sus mediciones indican que desde el gigantesco menhir era posible observar las
ocho posiciones extremas de la Luna. También propuso que los alineamientos de
Carnac eran calculadoras solares, utilizadas para corregir las irregularidades
observadas en los movimientos de la Luna. El inmenso menhir caído de
Locmariaquer, conocido como Er Grab (la Piedra de las Hadas), medía más de 20
metros de alto y se cree que estaba en combinación con menhires hoy
desaparecidos.
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