En
1846, tropas estadounidenses entraban en territorio mexicano con la intención
de llevar la frontera de Texas hasta el Río Grande. Era el principio de la
Guerra entre los dos países que duraría desde 1846 hasta 1848. El origen del
conflicto venía de atrás y era consecuencia de la política expansionista de
EEUU. A principios del siglo XIX, Francia había vendido la Luisiana a EEUU, y
España la Florida, que ya estaba ocupada antes por tropas estadounidenses, a
cambio de frenar el afán expansionista sobre el Virreinato de Nueva España
(México).
Pero
eran los últimos tiempos del dominio español sobre México. En España se estaba
luchando contra el invasor francés y se estaba dejando desatendidos nuestros
intereses en América. Así, cuando acabaron las guerras napoleónicas, se fueron
independizando las colonias españolas americanas. Una de esas fue México, y ya
desde el nacimiento de la nación mexicana, EEUU se interesó por los estados
mexicanos fronterizos, sobre todo la Alta California y Texas. Se hizo un
ofrecimiento al gobierno mexicano para comprar el estado que fue rechazado. Sin
embargo, poco a poco se fueron asentando colonos estadounidenses en territorio
tejano con condiciones ventajosas por parte del gobierno. Finalmente, el estado
de Texas se levantó en armas contra el gobierno y logró tras una guerra la
independencia del estado mexicano. El siguiente paso fue intentar llevar la
frontera desde su límite establecido en el Río Nueces, hasta el Río Grande.
Lógicamente, el gobierno mexicano se negó. El Cassus Belli fue un
enfrentamiento entre 2 guarniciones fronterizas. El Congreso americano aprobó
la declaración de guerra y las unidades norteamericanas, mejor dotadas que las
mexicanas, empezaron a cruzar la frontera. Aquí empieza la historia del
Batallón de San Patricio.
El
origen de los “San Patricios” no está claro, pues se sabe muy poco con certeza
de su reclutamiento. Una historia popular (en la que se basa la película de
1999 Héroes sin Patria, en la que Tom Berenger interpreta al comandante de la
brigada John O'Reilly), relata que el núcleo de la unidad se formó como
consecuencia de los severos castigos sufridos por soldados católicos
(especialmente irlandeses) debido a la desconfianza que los mandos militares
tenían en contra de ellos, ya que, por motivos religiosos, los consideraban más
cercanos a Roma que a Washington, y por lo tanto, más afines a la causa de los
mexicanos que compartían su misma religión. Lo que sí se sabe es que el
ejército de México reclutaba activamente estadounidenses católicos y ofrecía
importantes concesiones de tierras a quienes se pasaran al ejército de México.
El
Batallón de San Patricio fue una unidad militar compuesta de varios cientos de
inmigrantes europeos que lucharon en el Ejército Mexicano contra los Estados
Unidos en la guerra de 1846 a 1848. Los efectivos del Batallón de San Patricio
eran desertores del Ejército de los Estados Unidos, formado principalmente por
inmigrantes de origen irlandés y alemán, además de una minoría canadiense,
inglesa, escocesa, polaca, italiana y algunos extranjeros residentes en México,
la gran mayoría católicos. Tomaron el nombre del Santo Patrono de Irlanda.
Su
bandera estaba formada con un fondo verde, y de un lado un arpa dorada y las
palabras Erin Go Bragh (Irlanda Por Siempre), y por el otro una imagen de San
Patricio, el santo patrono de Irlanda, y las palabras “San Patricio”.
El
primer combate del batallón, fue la Batalla de Monterrey (21 de septiembre de
1846), con una batería de artillería al mando de Jhon O'Reilly anteriormente
teniente del Ejército de Estados Unidos e inmigrante irlandés. Lucharon con
valor defendiendo la ciudadela, hasta el punto que el oficial al mando
americano, estuvo a punto de abandonar el ataque, pero el comandante mexicano
Pedro Ampudia, desesperado, rindió la plaza.
Tras
la batalla en Monterrey, los San Patricios crecen en número, llegando según
algunas fuentes a cerca de 800 hombres; aunque según los registros más fiables,
no llegaron a constituir más de dos compañías reforzadas (300 hombres) con
oficialidad mexicana. Pese a su extraordinario rendimiento como artilleros en
varias batallas, especialmente en la defensa de Monterrey, y en la Batalla de
la Angostura, en la que diezmaron un batallón atacante y capturaron dos cañones
estadounidenses, acción por la que su comandante y varios oficiales recibieron
la condecoración Cruz de Honor de la Angostura, se ordenó a los San Patricios
convertirse en un batallón de infantería a mediados de 1847 por orden personal
de Antonio López de Santa Anna, general al mando de las tropas.
Ya
como unidad de infantería, el batallón siguió sirviendo con distinción. En la
Batalla de Churubusco del 20 de agosto de 1847, las reducidas fuerzas mexicanas
se establecieron en el convento de Santa María de Churubusco, y las fuerzas armadas
estadounidenses se prepararon para atacarlos. Aunque el convento no era más
alto que sus alrededores, su estructura de piedra constituían una buena
defensa. Además, los estadounidenses tendrían que cruzar un río para llegar
allá, lo cual daría tiempo al ejército mexicano para preparar a medias,
trincheras y encarar otro enfrentamiento. Los defensores mexicanos sumaban
1.300 personas y pertenecían a los batallones Independencia, Bravos y San
Patricio. La lucha fue constante y desfavorable para los mexicanos, esta vez
bien mandados y motivados por los generales Manuel Rincón y Pedro María Anaya.
Tras algunas horas de combate, las fuerzas mexicanas se quedaron sin municiones
y una bomba provocó una explosión en la reserva de pólvora que los dejó sin posibilidades
de seguir defendiéndose; a pesar de lo cual y una vez que se izó una bandera
blanca en señal de rendición, el capitán Patrick Dalton la abatió para seguir
resistiendo, pero ya era inútil, el convento quedó en silencio. Cuando el
general Twiggs entró al patio del convento, exigiendo a los soldados mexicanos
que entregaran las armas, la pólvora y el parque, el General Anaya se le
enfrentó, diciendo: "Si hubiera parque, no estaría usted aquí."
Los
miembros del Batallón de San Patricio capturados por el ejército estadounidense
sufrieron muy duras represalias; no sólo por ser desertores del ejército
estadounidense, sino porque su habilidad había causado las mayores bajas a las
tropas de EEUU. Los que formaban parte del ejército estadounidense antes de la
declaración de guerra oficial (el capitán Riley entre ellos) fueron azotados y
marcados con hierro candente en la cara, con la letra "D" de
desertores, y sentenciados a trabajos forzados y no les daban de comer. Los que
entraron en el ejército mexicano tras la declaración de guerra, fueron
ahorcados en masa como traidores, viendo de frente el sitio de la Batalla de
Chapultepec el 13 de septiembre de 1847. Por orden del General Winfield Scott,
fueron ejecutados precisamente en el momento en que la bandera de Estados
Unidos reemplazó a la de México en lo alto de la ciudad. Cuando la bandera
alcanzó lo más alto del asta, se abrió la trampa del cadalso.
Los
que sobrevivieron se separaron y siguieron diferentes caminos. Unos pocos
pudieron reclamar las tierras prometidas por el gobierno mexicano. John Riley
murió a finales de agosto de 1850 y fue enterrado en Veracruz el 31 de agosto
de ese año, con el nombre de Juan Reley, el mismo con el que se hallaba inscrito
en los archivos del Ejército Mexicano. Ese mismo año el Ejército Mexicano tomó
la decisión de disolver el Batallón.
Hoy
en día, el recuerdo del Batallón de San patricio sigue vivo en México, el lugar
donde lucharon y murieron muchos de ellos, y en irlanda, el país de origen de
la mayoría de ellos. Frente al convento de Churubusco, donde fueron fusilados
muchos de ellos, se puso el nombre de Mártires irlandeses a la calle que pasa
por delante. Igualmente, en la sala principal de la Cámara de Diputados de
México, el nombre del Batallón de San Patricio está inscrito con letras de oro
al lado de muchos otros héroes mexicanos. Igualmente, hay un monumento dedicado
a ellos en la Plaza San Jacinto, en la colonia San Ángel de la Ciudad de
México, en el que se dispuso una placa conmemorativa del Batallón de San
Patricio. Esta placa lista los nombres de 71 miembros del batallón, 48 de los
cuales eran irlandeses y 13 alemanes. También existe un monumento en la iglesia
de Tlacopac, cerca de San Angel. Consiste en una cruz celta con una placa
conmemorativa en la peana, que menciona que varios de los soldados irlandeses
ejecutados recibieron sepultura en el atrio. Este atrio ha sido sitio de
algunas ceremonias cívicas conmemorativas
Igualmente
se han sucedido los homenajes. El Batallón de San Patricio es conmemorado en
dos diferentes días en México: el primero el 12 de septiembre, el aniversario
de las primeras ejecuciones, y el otro el 17 de marzo, día de San Patricio
En
1997, el presidente Ernesto Zedillo conmemoró el 150 aniversario de la
ejecución del Batallón en la Plaza San Jacinto, donde se hicieron las primeras
16 ejecuciones. Los países de Irlanda y México emitieron timbres postales
conmemorativos con motivo del aniversario.
En
2004, en una ceremonia oficial a la que asistieron numerosos dignatarios
internacionales, los directores Lance y Jason Hool y muchos actores de la
película El Batallón de San Patricio, el gobierno mexicano donó una estatua al
pueblo de Irlanda como agradecimiento por el coraje, honor y sacrificio del
Batallón de San Patricio. Esta estatua fue colocada en el pueblo natal de
Riley, Clifden, en el condado de Galway, en Irlanda. Todos los 12 de septiembre
también se recuerda al Batallón en este pueblo, ondeando la bandera mexicana.

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