Miguel Ángel Muguiro nace en Madrid en 1880, donde
estudió la carrera de derecho. No obstante, desde el inicio desarrolló una
brillante carrera diplomática. En 1907 fue enviado como agregado diplomático a
Tánger, donde permaneció hasta 1913. En los años siguientes trabajó como
secretario y consejero del Ministerio de Exteriores en Bogotá, Berna, Tokio,
Berlín, Roma, Bucarest, Viena y, ya en 1938, con Europa al borde de la guerra,
ostentó el cargo de ministro plenipotenciario y encargado de negocios en
Budapest, la capital de Hungría, hasta el año 1944.
Hungría se había declarado neutral ante el estallido
de la II Guerra Mundial, pero poco después mostró algo más que simpatía por el
eje Berlín-Roma-Tokio, sobre todo con la esperanza de que esta alianza podía
contribuir a saciar ciertas aspiraciones políticas y territoriales de los
húngaros, como recuperar determinadas zonas en Rumanía, Yugoslavia y
Checoslovaquia que consideraban históricamente suyas. Sin embargo, Hitler se
fue fiando cada vez menos de Miklós Horthy, el regente húngaro, por sospechar
que éste buscaba el apoyo de los aliados. Así, en 1944 las tropas aliadas
entraron en Hungría y colocaron en el gobierno a Döme Sztójay, el jefe de los
nazis húngaros de la Cruz Flechada, un colaboracionista pronazi sin escrúpulos.
El escenario cambió completamente. Aunque en los años
anteriores los judíos húngaros (las fuentes indican que su número llegaba a
800.000 personas) habían sufrido el antisemitismo con pogromos que costaron la
vida a varios miles de ellos, fue a partir de la invasión nazi cuando éstos se
recrudecieron de una manera exponencial. No en vano, a los pocos días viajó a
Hungría Adolf Eichmann, jerarca nazi esencialmente encargado del traslado de
los deportados judíos a los diferentes campos de exterminio polacos, entre los
que destacaban algunas de las principales industrias de la muerte como
Auschwitz y Treblinka.
Muguiro fue consciente de ello, y decidió actuar en
consecuencia. Informó de estas maniobras al gobierno español:
«Las detenciones aumentan de día en día. Muchos de los
arrestados han sido conducidos a Alemania e internados en campos de
concentración. En estas circunstancias, ¿puede hoy considerarse a Hungría un
país soberano?».
La ofensiva antisemita era imparable. En seguida se
promulgó un decreto particularmente cruel contra los judíos húngaros. Pronto
los judíos fueron obligados a llevar cosidas a sus ropas la amarilla estrella
de David. Así escribía el diplomático español al respecto:
«La ciudad aparece llena de individuos que ostentan la
insignia amarilla. Muchas casas de judíos han sido saqueadas por la Gestapo y
sus habitantes, maltratados y arrestados por esa despiadada policía».
El ministro de España en Budapest tenía la certeza
absoluta de que toda esa gente estaba siendo trasladada en vagones de ganado a
Polonia para ser exterminada. Mientras tanto, los nuevos responsables políticos
del gobierno pronazi fueron puestos al corriente de los informes de Muguiro y
presionaron, a través de su nuevo representante en España, para que fuera
relevado. Muguiro sabía que esto podía suceder, y a pesar del poco tiempo
transcurrido desde la invasión nazi hasta su relevo y posterior regreso a
España (apenas tres meses, entre marzo y junio de aquel año de 1944), tuvo
tiempo de poner en marcha su más importante acción.
Ésta consistió en conseguir visados españoles a 500
niños, de entre 5 y 15 años, a los que consiguió sacar del país enviándolos a
Tánger, ciudad del norte de Marruecos en esas fechas ocupada por España,
librándolos así de una muerte segura en cualquiera de los campos de exterminio
alemanes. Aquella maniobra supuso el principio del fin de Muguiro en Hungría.
En junio se vio forzado a abandonar el país, pero dejó la legación en las
mejores manos: las de su secretario y estrecho colaborador Ángel Sanz Briz, quien
continuó la labor iniciada por Muguiro con idéntico éxito
Muguiro, al igual que hicieron otros muchos
diplomáticos españoles, había rescatado un antiguo decreto que databa de la
época de Primo de Rivera por el cual todos aquellos que demostrasen tener origen
sefardita podrían obtener, de manera inmediata, la nacionalidad española. Según
parece las autoridades españoles desconocían que la validez del decreto había
expirado en 1931.
Miguel Ángel Muguiro se jubiló como cónsul español en
Zurich, en 1950. Fue condecorado con la Gran Cruz de Isabel La Católica.
Falleció cuatro años después, sin descendencia.
Fuentes:
Vidal, C. El Holocausto. Alianza
Editorial. Madrid. 1995
Salinas, D. España, los sefardíes y el
Tercer Reich, 1939-1945. Universidad de Valladolid. 1997
http://www.aurora-israel.co.il/articulos/israel/Mundo_Judio/56220/
http://laorejadejenkins.es/historia/diplomaticos-espanoles-los-otros-schindler
http://www.elmundo.es/elmundo/2012/01/26/internacional/1327597355.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Personas_que_ayudaron_a_los_jud%C3%ADos_durante_el_Holocausto#Espa.C3.B1a
http://www.ushmm.org/wlc/es/article.php?ModuleId=10007415
http://en.wikipedia.org/wiki/D%C3%B6me_Szt%C3%B3jay
http://www.diariodeburgos.es/noticia.cfm/Vivir/20091108/schindler/espa%C3%B1ol/D132D3E3-1A64-968D-59F7F6C2F8066A0A
http://auladehistoriamccb.blogspot.com.es/2012/08/miguel-angel-muguiro.html
Estos son los principales diplomáticos que participaron. Lee mas sobre ellos pinchando en su nombre:
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